sábado, 4 de julio de 2009

La Peste.


La paranoia avanza y hasta mis amigos andan como loquitos... quiero compartir una nota de Orlando Barone sobre pestes pandemia y la historia.

Comparaciones de cifras y pestes

Pandemia es de origen griego y quiere decir“ Enfermedad de todo el pueblo”. Cuando aún era la prehistoria de la ciencia, hacia el año 1300, cundió en aquel mundo la peste negra o peste bubónica o neumónica, que provocó la muerte a 75 millones de personas. Otra gran pandemia fue en 1918, cuando el mundo fue asolado por la legendaria gripe española, también llamada La Pesadilla. Estalló durante la primera guerra del siglo veinte y se le atribuye su propagación a los hacinados cuarteles. Se le llamó gripe española porque como España no había entrado en la guerra, la prensa de ese país tuvo libertad para comunicar la pandemia que las potencias en conflicto ocultaban. Su contagió abarcó a 1.000 millones de personas: la cuarta parte de la población del planeta. Y causó la muerte de entre 50 y 100 millones de europeos. En 1957 se expandió la gripe asiática. Solo en los Estados Unidos
provocó 70.000 muertes. La influenza de los pollos que se desató hace unos años , sobre todo en China, era muy letal y fue muy mediatizada pero rápidamente controlada. Los muertos fueron menos de cien. Y ahora ocurre esta pandemia global que abarca a más de un centenar de países. Las cifras mortales - si bien en aumento y provisorias- no llegan a quinientas en todo el mundo. Cantidad similar a las de los dos últimos desastres aéreos. Sin embargo es una peste que nos escandaliza por su fácil contagio que en la Argentina adquiere una intensidad inquietante.Buenos aires tuvo su antigua peste: fue hacia el fin del siglo diecinueve con la fiebre amarilla. Había más de 300 muertos diarios y los coches fúnebres no daban abasto. Se calculó que hubo casi 15 mil víctimas. En San Telmo donde se originó, decenas de ataúdes con sus muertos, esperaban apilados en las esquinas el turno para ser enterrados. Hoy estamos advertidos e informados. La ciencia médica y biológica nos merecen respeto. La expectativa de vida se extiende en las sociedades sanas a casi ochenta años. Pero aún así, esta Aldea Global que permite derramar las noticias de alarma a destajo, también permite que a destajo se desaten paranoias y pánico. Ávidos de sabernos informados somos vulnerables a la desmesura y a consumir el charlatanismo superfluo que deforma el rigor de los expertos. Lo que intriga es la incierta evolución del virus y por eso la precaución está justificada. La secuencia mediática de ir contabilizando muerto a muerto como si fuera un goteo, impacta en nuestro ánimo. Y nos coloca a todos como sospechosos que portamos la enfermedad al acecho debajo del abrigo. Aunque hasta hoy, comparativamente, su tasa de mortalidad es leve. Y si fuera por nuestros deseos debería terminar leve.

Carta abierta leída el 3 de Julio de 2009 en Radio del Plata.

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