martes, 5 de enero de 2010

Murió Sandro, viva el rock .


Quienes solemos disfrutar de eso que tan genialmente describe Capusoto, es decir, el rock, nunca padeceremos lo que hoy los fanáticos de Sandro. Es que esa música extranjera y extranjerizante, tan diferente a la del Sandro de América, tan Argentino el, tan parecido a Elvis Presley, ha dado a luz a ídolos que ya en nuestra tierna adolescencia o juventud les daba por morir trágicamente, de una sobredosis, o directamente suicidarse, dejándonos a pata en mitad del camino. Sólo mencionare aquí a Kurt Cobain, pero usted, amigo rockero, sabrá agregar los restantes nombres de la extensa lista de músicos y cantantes que como los buenos ilusionistas desaparecieron sobre el escenario, dejándonos ese extraño sabor a estrella fugaz en la boca.


Pero tenemos suerte los rockeros, nunca veremos a nuestros incipientes ídolos descomponerse ante nuestra admiración, siempre tendrán el tino de morir jóvenes. Aunque me temo que ese tipo de ídolos ya no existirán en adelante, los rockeros digo.

Solo mi madre puede alegrarse de ver bien a Charly García. En realidad es patético ver a quienes alguna vez encarnaron la rebeldía misma con sus letras y actitudes, envejecer y engordar diciendo que ya no es lo mismo sin las drogas y el alcohol, pero que vale la pena seguir viviendo mientras preparan su próximo show en obras. No podemos criticarle eso a Sandro, nunca fue rockero como Charly, o mejor dicho, nunca fue rockero, como Charly…

Quienes hayan seguido la carrera de Joaquín Sabina, conocen la sensación de la que estoy hablando. Calamaro se está poniendo gaga, a Espineta cada vez se le entiende menos, el Indio está gordo y millonario, es probable que Pity Alvarez se rehabilite y siga haciendo canciones infantiles. Pronto se pondrán cascarrabias por ese presente y empezarán a maltratar a la prensa para recobrar un poco de dignidad aunque sea.

Hay ciertos ídolos que no deberían perdurar, a algunos se les puede aceptar llegar a viejo, pero no a un rockstar. Hasta Papo lo entendió a tiempo. Es muy duro ver como tu ídolo adolescente envejece, hecha panza, vive en un country y quiere formar una familia, pierden la gracia.

Hay ciertos ídolos que deben guardar una distancia prudencial con su público, tal vez esto no lo alcanzó a entender John Lennon, pero es así, como un amor truncado que mantiene su fuerza y presencia, por lo que pudo ser y no alcanzó, y por eso es ideal.

Pero somos afortunados los que preferimos el rock, nunca idolatraremos a personas reales, que se hacen encima, les falta el aire o se disculpan ante sus familias, nunca alcanzaremos a idolatrar completamente a nadie. Nunca veremos a nuestros héroes lloriquear y pedir a dios por cinco minutos más de vida.

Hay ciertos ídolos que se engrandece al haber muerto jóvenes porque nos dejan esa sospecha de que en realidad eran demasiado buenos para este mundo, como Gardel, como Discépolo, de que en realidad el mundo no se les volvió bueno con la fama y el dinero.

Pablo Urrutía del blog cronicasdetangamandapio.blogspot.com/

2 comentarios:

MONA dijo...

Hola:
me gustò Sandro... Pero no me gusta tener IDOLOS. Parece que fueran los "modelos", o que uno se identifica con ellos -los ìdolos- que hacen o dicen lo que uno no es capaz... Se pone en el ìdolo todo lo bueno, por lo cual, si quiero parecerme, es porque lo considero superior, lo que quiere decir que algo malo debo tener frente a esos que trascienden en la radio, la tele, la prensa... No necesitamos ìdolos, lo que precisamos es hacernos cada dìa mejores, y en relaciòn con los demàs. El lazo social con los demàs, y la construcciòn compartida de verdaderos vìnculos humanos, puede ser màs fuerte que una relaciòn de sumisiòn al ìdolo, y màs efectiva para la paz... o digamos mejor, para el bienestar social.
Te saludo

Petaloudes dijo...

ejem, Burgués.
no es sólo la madre (aunque podría ser madre de un quinceañero pongamos). el día que Charly no esté me vestiré de luto, y si lo velan en el congreso ahí estaré en primera fila llueve o truene. recuerdo una discusión que tuve hace unos años con un grupo de veinteañeros que no entendía cómo no me molestaba que hubieran usado el avión presidencial para trasladarlo. Charly es como el Diego, ya se va a sorprender cuando se nos vaya. muchos lo van a descubrir recién ahí, pero nunca es tarde. Sabina le agrego que así como lo ve el tipo tiene muy en claro que quiere seguir viviendo, y por eso se cuida, no veo qué tiene de malo. se lo criticó mucho a Mollo cuando empezó con el agua mineral, pero en los recitales estamos todos contentos de que así sea, porque queremos seguir disfrutándolo. no sé, como que hay que aprender a humanizarlos, entender que quizá todo se deba a que beben la vida como un fondo blanco en vez de saborearla (quizá sea su modo de saborearla, qué se yo). ¿quién sabe qué hubiera sido de Gardel o de Lennon de viejos? capaz que nos perdimos de cosas muy interesantes, nunca lo sabremos.

abrazo