jueves, 3 de junio de 2010

-¡¿Por qué no me mira a la cara?! ¡¿Tiene miedo?

                        María Carolina Guallane, nacida Paula Cortassa Zapata, junto a su abuela.


por Cristina Rosolio Pirovano.

María Carolina Guallane es portadora de una historia que puede parecerse a la de los hijos de Ernestina Herrera, si es que las pruebas de ADN resultan ser lo que todos imaginamos, pero que se desarrolló exactamente al revés. María Carolina vive en Venado Tuerto, y fue la primera hija de desaparecidos que encontró a sus familiares de sangre por decisión propia, luego de haber pasado toda su vida en otro hogar. ¿Qué la diferencia de los adoptados por Herrera?, que sus padres adoptivos, al ignorar la procedencia de su hija, la acompañaron fielmente hasta que encontró su verdadera identidad.


Su caso, investigado por la justicia de Santa Fe, se suma al de otros hijos de desaparecidos ya identificados, aunque el de Carolina es el más particular de todos. En su momento, un estudio de ADN hecho en tiempo y forma había determinado que Carolina en verdad había nacido con el nombre de Paula, y que era hija de Enrique Cortassa y Blanca Zapata. La historia había comenzado una noche de verano, el 11 de febrero de 1977, cuando ella tenía apenas un año y su mamá esperaba a su segundo hijo. Aquella maldita noche, un comando militar se metió por la fuerza en la casa que la familia tenía en Santa Fe y se llevó a todos a la rastra, en medio de gritos desesperados.

Desde ese día, de Enrique no se supo más nada. Tampoco se supo qué pasó con la criatura que estaba por nacer. Pero María Carolina fue entregada a la Casa Cuna, desnutrida y sin identidad.

La familia que adoptó a Carolina se enteró de que podía ser hija de desaparecidos gracias a la confidencia de algún piadoso empleado del juzgado. Jorge y María Guallane, los padres adoptivos, generosos y dignos, en vez de callar decidieron contarle todo a su hija del corazón cuando ella apenas si tenía doce años. A partir de ese momento, día a día la ayudaron a reconstruir su pasado. Con ese apoyo, y en compañía de las Abuelas de Plaza de Mayo, Carolina se presentó en el juzgado de Menores de Julio César Rogiano y comenzó a buscar a sus abuelos gracias a los datos que le aportaban algunos sobrevivientes de la dictadura y a los registros que se encontraron en el Ejército sobre la noche trágica en la que secuestraron a sus padres. La búsqueda dio resultado y Carolina, por aquel entonces, además de recuperar su identidad encontró a sus nuevos abuelos, Isabel Barreto y Delfina Cortassa.

-¡¿Por qué no me mira a la cara?! ¡¿Tiene miedo?! -le gritó con valentía Paula Cortassa -María Carolina Guallane- pero el cobarde militar bajó la mirada, buscó un punto fijo en el suelo y apuró el paso para escapar de la mirada de la jovencita.

Un rato antes de encontrarse con ella, el ex mayor Manuel Batto había sufrido un ataque de amnesia ante la fiscal Griselda Tessio que instruía en la causa, y había negado cualquier responsabilidad en la masacre de la calle Castelli al 4500, en donde un grupo de tareas de la dictadura secuestró a la familia Cortassa: Enrique sigue desaparecido, y Blanca, embarazada a término, apareció después con un tiro en la cabeza en el hospital Cullen, en donde sobrevivió doce días y después de dar a luz un varón que aún hoy María Carolina está buscando.

El viernes 28 de junio de 2000 María Carolina sepultó los restos de su madre, con estas palabras que escribió en su epitafio:

"La dictadura militar terminó con tu vida. Te persiguieron. Te alcanzaron. Te torturaron. Te mataron. Te enterraron como NN y te desaparecieron. Hoy sólo recupero tus restos, no te recuerdo pero te admiro y reivindico tu lucha. Tu hija Paula".



Paula Cortassa Zapata había sido secuestrada y mantenida más de dos meses en un Campo de Concentración en donde fue torturado a su padre por orden de los ex coroneles Juan Orlando Rolón y Domingo Manuel Marcellini. Repugna leer esto, pero la Unión de Promociones del ejército (http://www.energyworld.org/UP/) expresó su más profundo pesar el 5 de marzo de 2010, “con motivo del fallecimiento del Coronel Domingo Manuel Marcellini, preso político que también cumplía arresto domiciliario en la ciudad de Mendoza y quien se hallaba gravemente enfermo. El deceso del citado Oficial Superior, se suma a los ya más de 90 (noventa) Camaradas fallecidos en cautiverio, privados de sus legítimas garantías y derechos constitucionales. Acompañamos a todos sus familiares en este momento de dolor, elevando al Señor una oración en su memoria. “

Éste es el poder que hay detrás de Cecilia Pando. Aún así, la SUPRESIÓN DE IDENTIDAD NUNCA PRESCRIBE.

Imperioso ver la película “Botín de Guerra”, del director argentino David Blaunstein, film que hace pie en el nacimiento y crecimiento de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, junto al espantoso fenómeno socio-político que les dio razón de ser: la apropiación sistemática de los hijos de detenidos-desaparecidos por parte de la dictadura militar que secuestró, torturó y asesinó a los padres, y entregó a sus bebés en adopción a miembros y "amigos" del régimen.

7 comentarios:

Sujeto de la Historia dijo...

Estimado Burgués:
Jorge y María Guallane, en esta tragedia griega, tienen el heroico lugar que le corresponde a los padres:
por amor, y aunque ellos pudieran sentirlo como una pérdida, le abrieron una puerta a su hija para que se reencuentre con su identidad.
Más allá de esta chica, y espero se entienda bien, en este caso: todo mi respeto a estos padres. Porque si alguien merece llamarse así son ellos.
Un abrazo

burgués asustado dijo...

Estimado compañero; conocí a María Carolina en Firmat en una actividad con Estela Carlotto, estaba acompañada por su padre en los ojos de su padre vi amor, y muy juntos.
COMPARTO CON VOS.
un abrazo.

Anónimo dijo...

Gracias compañero por tu siempre tan entusiasta apoyo, ¡me hacés dar muchas ganas de seguir escribiendo! Un abrazo enorme y agradecido...
Cristina Rosolio P.

manuel el coronel dijo...

Ni hablar, entre toda esta mierda, ella tiene la fortuna de tener padres verdaderos. y cuatro abuelas y abuelos, que lindo si es que viven todos, cuanto amor.

Abrazo a la compañera si lee esto.

Memoria y justicia.

Juicio y castigo, no perdonamos no olvidamos. No nos reconciliamos.

Ricardo dijo...

Me emocionó.
Gracias por compartir la historia.

Sujeto de la Historia dijo...

Estimado Burgués:
Nuevamente te escribo, para agradecerte el haberlo publicado, y para que, en lo posible le llegue también mi agradecimiento a Cristina Rosolio por haber relatado la historia. Realmente me conmovió y quise hacerle una suerte de homenaje en mi blog.
Como le decía a Ricardo, por lo general nuestros blog habitualmente tratan de denuncias, lucha, defensa de lo que consideramos los intereses populares. A veces podemos darnos el lujo de contar estas historias, de hacérselas llegar a otros, historias de personas comunes, pero que terminan convirtiéndose en gigantes.
Aprovecho para enviar un abrazo fraterno.

Almita dijo...

Afortunadamente, hay algunas historias de vida que dan aliento. Ésta, es una de ellas.
Gracias por compartirla, gracias a Cristina Pirovano por relatarla.
Mi homenaje a Paula y a sus valientes y justos padres adoptivos. Actitudes como ésta enaltecen a estos padres a un grado tal que merecen el reconocimiento de todos nosotros. Eso es ser padre, ser madre. Nada ni nadie podrá separarlos, sin duda.